Bueno este relato lo escribio elfuse (mi novio) y me pidio que lo posteara, este no es real es una invencion de una mente artistica... bueno espero les guste
No entendiendo aun como habíamos llegado, como había llegado yo, hasta este punto, por decisión propia nuestros cuerpos comenzaron a amarse. Al menos ese era el concepto que habría tenido hasta el momento sobre el acto sexual, amarse.
Tenia el cuerpo que en mi mente recreaba en los ratos en que a solas decidía masturbarme como acción autómata de placer ego centrista. Allí estaba ella con sus rizos negros, retahíla de olas que en el mar nacían y morían en la llanura extensa de una arena caliente por el incesante azote del sol. Su espalda era igual de caliente. Su piel igual de húmeda, sudor provocado por el abundante cabello que sofocaba cualquier intento de enfriarse ante la inminente caída de la noche. Era ardiente día y noche. De repente recordé que no era la primera vez, habíamos hecho el amor al menos unas cinco ocasiones antes, no recordaba bien. Sus ojos eran tan oscuros y secretos como ese universo que aun espera por el gran descubrimiento del ser humano. Siempre me hacia sentir diminuto, maniatado y confuso cuando con su mirada penetraba en la mía. Tenia el poder de helarme con su mirar e igual tenia destrezas para derretirme con suculentos dotes de diosa erótica. Las caderas eran tan anchas como un cucharón proveniente de una costosa vajilla en plata. Y sus pechos, el dulce tamaño de un caramelo de algodón el cual disfrutaba con cierta inocencia con mi lengua, con mi boca y con mis dientes.
A este punto me hallaba tendido boca arriba en la estrecha cama de mi cuarto y ella bailaba suavemente sobre mi; sentada con las piernas hacia atrás, en un despliegue de elasticidad física encorvada sobre su espalda, penetrándose a si misma con mi verga endurecida. Sus movimientos eran graciosamente sutiles y pareciase aquella escena cual sacada de una danza natural, de esas en que los bailarines agitan sus manos gentilmente y sintieran entrar en trance con un mas allá espiritual. Así nos sumergimos en la danza de tal forma que nuestros cuerpos comenzaron a reproducir la sonora percusión de los tambores comenzando casi inaudible hasta transformarse en aplausos de una multitud ausente. Todo se hallaba al punto, música, ritmo, clave, danza, baile, de lo sutil a lo salvaje; ahora todo se sucedía con rapidez africana, danza negroide. Cadencia encendida, caderas estruendosas al chocar entre si cual las cadenas de la esclavitud hasta romperse liberadas por una tensión sísmica.
Me derrame en su interior así la espuma del mar en las costas. La paradójica oscuridad iluminada por un destello de luz blanca muy fina y lejana que solo es visible al punto máximo del éxtasis. Un río enfurecido que ha bebido agua de los riachuelos y manantiales y continúa su descenso hasta desembocar en la extensión azulada del mar. El coito, el comienzo del amor.
Entonces desperté y realice,
Que se trataba de una fantasía mas.
No era el amor, era el sexo
Quien una ves mas,
Había ocupado un pedazo
De la solitaria noche.